Regresando a Portland

Fue tan difícil decir Adiós a tantos buenos amigos. La emoción nos llenó al verlos en el aeropuerto. Vimos a mis colegas del Liceo, a mi extensa familia putativa Chilena, y a mis colegas de Inglés de la red de Concepción. Como decía mi abuela “están todos los que son, y son todos los que están.” En Santiago vimos al esposo de nuestra colega Susan con sus dos hijas. Ellas jugaron con Nathan e hicieron esa transición maravillosa para él y para mí. El estaba feliz corriendo y pidiendo cuanto globo se le cruzaba por el camino. Le compré uno que de paso era demasiado caro pero había que complacerlo. Luego le pedí a Bill que lo desaparezca porque no iba tener otra mano para llevarlo.

Pasando a inmigración hablé con el “jefe” y me paso directo a la fila. Si había sido suficiente tener el papel notariado para sacar a Nathan del país. Me parecía increíble que fuera necesario tener un permiso notariado para viajar con un menor fuera de Chile siendo él extranjero y nada me pidieron en los EE.UU. cuando lo saqué y menos cuando lo entré. Le toca aprender este trámite a los EE.UU. de Chile y a lo mejor hay un poco más de control sobre la desaparición de niños.

El vuelo desde Santiago a Dallas fue de 9:30 horas y allá tuvimos 3 horas hasta que tomamos el otro de Dallas a Pórtland que era de 4 horas. Nathan como buen viajero durmió todos los trayectos.

Llegamos a Pórtland y necesitaba cambiar un billete de 20 USD en monedas o en unos de a 5. Ya saben que venia con 4 maletas, el coche con Nathan, la computadora en la mochila y mi equipaje de mano. Una agente me dijo que tenía que ir a la tienda a pedir cambio. ¡¡Claro, esa idea no se me había ocurrido con todo lo que tenía que cargar!!!! Me acerque a unos señores que venían desde Dallas también y les pedí que me cambiaran el billete de 20 por 1 de 10 y 2 de cinco, pero como no tenían, me regalaron el billete de 5 dólares. Les dije gracias y fui en busca del coche para llevar mis 4 maletas.


Una vecina nos recogió, Vanesa es la mama de Enzo, nos trajo a la casa y luego nos visito para que saliéramos un rato. Nathan, al tiro, peleo con Enzo porque quería llevársele sus carros. ¡Imagínense!

Nathan entro a la casa bien, parecía que reconocía pero es difícil saber. La ventaja era que hacía calor y podíamos salir al patio y a pasear… ¡rapidito rapidito rapidon! Los recordamos mucho.